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Esta historia
comienza hace
muchos, muchos
años, en un
pequeño pueblo
de la ribera
navarra…
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Me cuentan del abuelo Amós que era un hombre
menudo, campechano, dicharachero… Nació en
Azagra, (Navarra) y fue un hombre popularísimo.
Ganaba el pan trabajando en el campo y saliendo
por los pueblos con su carro.
Era intrépido, fuerte, insensible al calor y al frío,
sin temor a los ladrones que pudieran robarle en
esos caminos que cruzaba muchas veces de
noche; su llegada era celebrada en cada pueblo
como un acontecimiento, además de la sal para
las matanzas y los frutos de su cosecha, siempre
cargaba en su carro una samanta de regaliz que
preparaba en trozos con los que obsequiaba a
los chiquillos que salían a recibirle.
Derrochaba cordialidad… A la hora de la venta
no le importaba dar dos docenas de trece
pimientos ni exigía dinero, las mujeres le pagaban
con huevos, pollos, trigo, cebada.
Nunca se enfadaba.
Era Amós cocinero de unas sopas de pimiento
por la noche, preparador del desayuno con migas
y animador de tertulias inolvidables.
En su mente quedó la ilusión de poner una fonda,
ilusión que jamás pudo alcanzar.
Yo, su nieto, que nunca llegué a conocerle, traje
hasta aquí su historia y su recuerdo; seguro que
jamás pensó que su espíritu llegase tan lejos ni
que fuese a dar nombre a un sueño, que es hoy
nuestro restaurante. |
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